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Los Agotes: un pueblo perseguido y humillado en España

Vamos a conocer uno de esos pueblos malditos que ha habido en el mundo, aunque la particularidad de este pueblo es que se encontraba en España y sufrió una de las persecuciones y humillaciones más brutales de las que hayamos podido oír.

Los Agotes eran un grupo social de los valles de Navarra, País Vasco, País Vasco Francés y Aragón. La primera mención que tenemos de ellos data de 1260, aunque sabemos que se encontraban allí desde antes. Era un pueblo que compartía con los ciudadanos de la zona idioma y religión. El origen de esta animadversión procedía de leyendas, las cuales fueron suficientes para discriminarlos durante más de 800 años. Realmente desconocemos el origen de los Agotes, aunque existen una serie de historias acerca de ellos, unas fantásticas y otras posibles. Se dijo de ellos que provenían de una maldición bíblica. Para otros tenían un origen godo, mientras para otros eran de origen musulmán. Otros ubicaban sus raíces en criminales franceses que se refugiaron en los montes españoles.

Los agotes fueron acusados de multitud de cosas, desde homosexualidad hasta paganos, lo que hizo que fueran tratados como una raza inferior y se vieran obligados a vivir aparte de los demás lugareños. Los agotes sufrieron probablemente una de las mayores persecuciones y humillaciones constantes que se han registrado en Europa. Eran obligados a relacionarse entre sí, obligándoles así a una endogamia que con el paso de los siglos fue minándoles más. Como físicamente eran iguales que los demás, eran obligados a vestir unas vestimentas determinadas y, al igual que los judíos eran obligados a llevar la Estrella de David, los agotes eran obligados a llevar un signo rojo similar a la huella de un pato. Una de las acusaciones más extendidas es que eran portadores de la lepra, por lo que en algunas poblaciones se les obligaba a hacer sonar una campana a su paso.

Agotes de Bozate

Esta exclusión social se apreciaba también en la Iglesia, aunque éstos fueran católicos. Se les obligaba a estar ubicados aparte de los demás y, a la hora de comulgar, el párroco utilizaba algún instrumento para no entrar en contacto con ellos, llegando incluso a dejar la hostia en el banco para que la cogieran ellos mismos. Entre las restricciones más ridículas encontramos la que les impedía andar descalzos, ya que existía una leyenda que decía que donde ellos pisaban no volvía a crecer la hierba, así, si un agote caminaba descalzo se le quemaba la planta del pie para que no volviera a hacerlo, eso hizo que muchos de ellos cojearan. Esta exclusión social hizo que fueran obligados a realizar trabajos que nadie quería realizar como sepultureros, canteros o carpinteros, ya que se creía que estos dos elementos no permitían la transmisión de enfermedades.

En 1514 solicitaron una bula al Papa Leon X que les permitía el mismo trato en la Iglesia. Esta bula no tuvo efectos prácticos y debemos esperar hasta principios del siglo XIX para que se eliminaran las leyes discriminatorias medievales, a la vez que se intentó la deportación de los Agotes a Madrid. El  último lugar donde encontramos esta discriminación de manera activa es en Navarra, más concretamente en Arizcun, donde existía un barrio exclusivo para ellos.

Finalmente se produjo una normalización de la situación. En algunas zonas esa normalización se produjo a mediados del XVIII. El acontecimiento que supuso un cambio para ellos fue la Revolución Francesa (1789) ya que aprovecharon el momento para eliminar documentos y las incorporaciones masivas al ejército terminó igualándolos a sus vecinos.

En la actualidad los agotes no existen como grupo, ya que están totalmente integrados en la sociedad, aunque en determinadas zonas, donde esa asimilación se produjo más tarde, el término agote sigue siendo una palabra tabú.

Bozate, Valle de Baztán

http://www.jdiezarnal.com

vascon.galeon.com

euskonews.com

web.archive.org/web/20121107032337

http://www.euskomedia.org/aunamendi

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