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Tula: la heroína del apocalipsis murciano

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Estamos acostumbrados a que, cuando vemos una película apocalíptica, la hierba atraviesa el asfalto y los animales toman las calles. Todo esto lo observamos desde la tranquilidad que nos da la comodidad de nuestro sillón y el conocimiento de que todo esto es una ficción. En estas situaciones apocalípticas siempre encontramos un héroe que suele destacar por su gran humanidad en momentos tan difíciles.

Para narrar nuestra historia tomemos la imagen de hierba creciendo a través del asfalto, calles desiertas y muertos por doquier. Nos imaginamos un ambiente enrarecido, turbio y triste, y que destila olor a muerte en todas sus calles. Esta imagen se pudo dar perfectamente en la ciudad de Murcia al comienzo del siglo XIX. La ciudad había sufrido los rigores de la guerra que sobrevino tras la invasión francesa, seguido más tarde por una de esas mala cosecha que de tanto en tanto azotaban a la ciudad.

English: The yellow fever mosquito Aedes aegyp...

Aedes aegypti. (Photo credit: Wikipedia)

Un día el mal comenzó a extenderse en forma de fiebre amarilla y comenzó a derrotar a una población castigada de por sí y en muchos casos con serios problemas de nutrición. La fiebre amarilla es una epidemia de origen africano y que provocó grandes pandemias en Europa y América. Una de las primeras se registró en 1647 en Barbados. Las epidemias de fiebre amarilla se solían producir en los principales núcleos humanos, donde el mosquito “Aedes” puede hacer de las suyas más fácilmente. La enfermedad se incuba entre tres y siete días. En las siguientes dos semanas se producen fiebres altas, insuficiencias hepáticas o renales y se vomita sangre. La enfermedad era sumamente contagiosa, por lo que las ciudades se declaraban en cuarentena y no se permitía ni entrar ni salir a la gente, llegando las ciudades a colocar soldados en las puertas de las mismas.

Al principio de la epidemia, los que no mostraban ninguno de los síntomas decidieron abandonar la ciudad, no sólo lo hicieron los poderosos, sino que era una medida adoptada por todo el que podía emprender la huída. Ya en la Edad Media se popularizó la expresión «Huir rápido, irse lejos y volver tarde». Fue tal la despoblación que sufrió la ciudad que no quedó gente útil para gobernarla, ocupándose de ello gente voluntariosa, pero con escasa preparación que en muchos casos murió por la fiebre amarilla.

Todas las historias apocalípticas tienen su héroe y es aquí cuando encontramos a Tula, la heroína de nuestra historia. Se había decidido tapiar las calles donde se encontraran casas con enfermos o fallecidos por la fiebre amarilla, para guardar así una cuarentena que salvara al resto de la población. En una de esas calles tapiadas se encontraba una mujer joven que acababa de morir víctima de la fiebre. Lo que no sabían las personas que cerraron la calle era que esta mujer tenía un bebé de escasos meses, el cual se encontraba en su cuna llorando desesperado. Los llantos del bebé llegaron a los sensibles oídos de Tula, una perra de pequeño tamaño que gustaba de deambular por la zona. La perra al oír los llantos del bebé decidió aproximarse a él, comprendiendo que lo que tenía era hambre, así que Tula no dudó en dar de mamar a la niña. Pasó la cuarentena y la sorpresa fue mayúscula cuando encontraron al bebé vivo y a la perra a su lado. Tula pasó a convertirse en la imagen de la esperanza para muchos y en toda una heroína, ya que los medios locales dieron conocimiento de lo sucedido rápidamente. Tula era recibida en cualquier casa murciana, donde no se dudaba en dispensarle todo lo que quisiera para que estuviese bien alimentada, nadie quería que a la pobre Tula le faltase de nada. Tanto fue el calado de la historia, que en la ciudad de Murcia se popularizó la frase:  “La perra Tula tiene bula”.

 

Murcia, secretos y leyendas: Antonio Botías

http://www.amigosdelmuseoarqueologicodelorca.com/alberca/pdf/alberca6/10_201-210.pdf

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