Gilles de Rais: el “grande” de Francia que asesinaba niños

Uno se cansa y aburre de lo ordinario.

Empecé matando porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desahogar mis energías.

Gilles  de Rais

Gilles de Laval, sire de Rais, compagnon de Je...

Gilles de Laval, sire de Rais, campeón de Juana de Arco, Mariscal de Francia (1404-1440).  (Photo credit: Wikipedia)

Gilles de Rais nació en Francia (1404) en la época de la Guerra de los Cien Años, en el seno de una familia tan poderosa como desestructurada. Pronto Giles como su hermano René se vieron abandonados por sus padres, él dedicado a las campañas guerreras y ella, que nunca quiso a sus hijos.

En 1415 Guy de Rais, padre de Giles y René, se encontraba en una cacería cuando recibió el poderoso envite de un jabalí moribundo, el cual le provocó profundas heridas. Guy de Rais fue trasladado a sus aposentos donde esperó la muerte en compañía de su hijo Gilles, el cual parecía deleitarse ante la imagen de su padre con los órganos fuera de su estómago. Gilles estuvo contemplando la macabra escena durante los días que duró la agonía de su padre, sin presentar pena alguna o repulsión ante la macabra imagen. La última voluntad del herido fue que un familiar se hiciera cargo de sus hijos y que les diera una buena educación. Lo que realmente ocurrió es que el suegro de Guy de Rais desoyó el deseo del moribundo y se hizo cargo de los niños, no por amor a sus nietos, sino por amor a la gran fortuna que les acompañaba.

De Craon había amasado su fortuna con el bandidaje y se trataba de una persona violenta e incapaz de sentir sentimientos hacia otras personas. Mientras que los profesores de los niños se esforzaban por inculcarles interés por las ciencias y las letras, él dejaba actuar a su libre albedrío a los niños.

La situación se tornó más caótica para los niños cuando la madre de estos falleció pasando legalmente todo el poder sobre los mismos a manos de su abuelo, el cual ya podía hacer y deshacer a su antojo.

Fue en esta época cuando comenzó el interés de Gilles por las armas y por la lectura de los clásicos, siendo uno de ellos “La Vida de los Césares” de Suetonio el que alimentó la imaginación del niño, el cual se deleitaba leyendo relatos acerca de las orgías y asesinatos de los césares y la impunidad de estos, causándole una gran impresión.

Fue su abuelo el que le introdujo en el arte de las armas, con la idea de que se convirtiera en un importante baluarte del ejército francés, el cual se encontraba en guerra desde hacía décadas. Es precisamente en esta época cuando se documenta su primer asesinato. El inocente que murió fue un niño de su edad, compañero de juegos y andanzas, llamado Antoine e hijo de sirvientes. Gilles le retó a un duelo con el ánimo de jugar juntos, este combate dispar acabó con Antoine desangrado en el suelo, sin que Giles solicitara ayuda. Cuando su abuelo se enteró de lo acontecido, calló las protestas de los padres con una exigua cantidad de dinero.

A los 16 años Gilles era todo un partido: era alto, bien formado y heredero de una de las mayores riquezas de Francia. Había un problema para el abuelo de Gilles, que era esconder la homosexualidad de este, el cual fue pillado infraganti con algunos de sus pajes o con su propio primo. La primera candidata de su abuelo fue una rica heredera de cuatro años de edad, aunque este matrimonio no pudo llevarse a cabo debido a las protestas de los nobles locales.

Con 16 años tuvo su bautismo de guerra, dando rienda suelta a su ira en el campo de batalla. Las crónicas narran que Gilles demostraba una gran bravura, así como una violencia inusitada, aunque, ya se sabe: si matas a una persona eres un asesino, si matas a decenas en el campo de batalla eres un héroe. Fue tras estas primeras batallas cuando el abuelo encontró finalmente a alguien que fuese digna para su nieto. El padre de la joven se negó, así que decidieron secuestrarla y casarse, siendo oficiado el enlace por un monje previamente sobornado.

La vida de Gilles dio un giro en el momento en el que conoció a una pequeña dama de fuerte carácter llamada Juana de Arco, la cual, con su determinación e inspiración divina, hizo que Gilles se postrara ante ella, siendo su caballero, hasta el día en el que el rey de Francia decidió retirar su apoyo a la iluminada, cayendo él en una espiral de mal que le llevaría a ser el mayor ogro de todos los tiempos.

El abandono de sus obligaciones militares hizo que girara su mirada hacia los niños, siendo víctimas propiciatorias. Hay que pensar que conseguir niños era sencillo. Muchos eran vagabundos, otros pertenecían a un bajo escalón social, viendo con buenos ojos los padres que sus hijos marcharan a servir a casa de un señor poderoso. Existió el caso en el que algunos padres llegaron a pagar para que Gilles de Rais se los llevara y así ofrecerles una mejor educación.

Muchos asesinos en serie reproducen en sus “obras” lo que les traumatizaron cuando eran niños, así no es de extrañar que el mayor de los placeres del “ogro francés” fuera abrir de arriba abajo a sus víctimas para observar como palpitaban sus órganos antes de morir, quizás reproduciendo lo que había observado en su padre en el momento de su agonía.

¿Cuántos niños cayeron en las garras de este depravado y sus secuaces? Algunas fuentes estiman que entre 1431 y 1440 desaparecieron cerca de 1000 niños, mientras otras fuentes rebajan esa cifra a “solo” unos cientos. La mayor parte de los asesinatos se produjeron entre 1432 y 1437, siendo a partir de este último año cuando comienzan a extenderse los rumores acerca del noble y su séquito. Estos rumores llegaron a oídos del obispo de Nantes, quien decidió iniciar una investigación, la cual quedó en nada, pues el obispo no deseaba enemistarse con un noble tan poderoso, ya que, a pesar de los indicios, no existía ningún resto que pudiera conducir al prelado hacia el noble, así que lo único que se podía esperar a que Gilles cometiera un error que permitiera juzgarle.

El 15 de mayo de 1440 Gilles cometió ese error. Debido a su vida licenciosa había dilapidado su fortuna, así que tuvo que desprenderse de sus castillos. En la venta de uno de ellos hubo un problema con el comprador, debido a que, aunque este había adelantado una cantidad, Gilles de Rais decidió anular el trato. En los terrenos de este castillo se encontraba una iglesia, donde el hermano del nuevo señor del castillo se encontraba oficiando la misa, cuando Gilles de Rais le interrumpió a caballo. Esto hizo que el mariscal cometiera dos delitos en uno: delito contra la Iglesia por irrumpir violéntamente en un templo y un delito civil, ya que decidió asaltar la propiedad de otra persona.

ejecucion-gilles-de-raisEl 13 de septiembre de 1440 procedieron al arresto de la banda de asesinos, salvo dos que consiguieron huir con una gran cantidad de oro. Al mariscal francés se le juzgaría a dos bandas: juicio religioso, donde se le acusaba de satanismo y herejías; y por otro lado, el tribunal civil pediría cuentas por el asesinato de niños en sus posesiones.  El inquisidor atendió el testimonio de más de ochenta personas, entre las que se encontraba Perrine Martin, de 70 años. Después de quedarse viuda, el mariscal solicitó sus servicios para reclutar niños “preferentemente rubios y entre los ocho y los doce años”. A pesar de los testimonios, Gilles de Rais se mantuvo serio y en algunos momentos enojado, ya que para él no tenían validez los mismos ya que provenían de gente de bajo escalafon social. Hay que contextualizar los sucesos, ya que lo que provocó el derrumbe del mariscal y su posterior testimonio fue cuando la Iglesia decidió excomulgarlo.

El mariscal tuvo que asistir también a los testimonios de sus colaboradores, los cuales no dudaron en describir sus macabras acciones:

“… algunas veces el Sire de Rais cortaba las cabezas de sus víctimas, otras veces cortaba las gargantas, otras veces los descuartizaba, otras les quebraba el cuello…”

Los ayudantes del mariscal realizaron sus fechorías desde la cobardía, bien por no perder su trabajo, bien por no morir a manos de Gilles de Rais. Lo que no cabe duda es que ayudaron a sodomizar, torturar y asesinar a los niños, a la vez que disfrutaban del poder económico y social que suponía el acompañar a uno de los “grandes” de Francia.

Ante la avalancha de testimonios, Gilles de Rais se vio obligado a reconocer sus delitos, aunque se mostró un poco más reacio a acatar los cargos de brujería y satanismo. Del testimonio del mariscal podemos sacar unos extractos, dejando los más crudos fuera de este artículo:

 “… ruego a los aquí presentes que tengan hijos que los instruyan mejor de lo que se me instruyó a mí y que les enseñen sabias doctrinas…”

 “Cuando yo era aún niño, solía leer en las páginas del historiador Suetonio cómo Nerón y Tiberio y los otros emperadores romanos disfrutaban haciendo que se martirizara y asesinara muchachos y muchachas delante de sus ojos. Fue la lectura de aquellas descripciones de las orgías de Tiberio y Calígula lo que me dio la idea de encerrar un día a niños en mis castillos, torturarlos y matarlos”

Finalmente la banda de Gilles de Rais fue castigada. A Francesco Prelati, alquimista y sacerdote del mariscal, se le impuso una pena de trecientas coronas de oro y cadena perpetua en una cárcel de la Iglesia, recibiendo castigo físico de manera periódica y una dieta basada en pan y agua. Poco le duró este castigo, ya que el duque de Anjou lo sacó del presidio atraído por sus artes alquimistas. Perrine Martin, la única mujer del grupo se suicidió en presidio. Los otros dos ayudantes de Gilles fueron condenados a la horca y la hoguera. El mariscal corrió la misma suerte, aunque su cuerpo no se convirtió en cenizas y recibió sagrada sepultura. Finalmente, el 26 de octubre de 1440, a la edad de 36 años, moría y con él uno de los mayores asesinos en serie que ha visto la historia. Como anécdota: en 1695, Charles Perrault convirtió la historia de Gilles de Rais en un cuento, “Barba Azúl”.

Quien quiera conocer más le recomiendo la obra de Juan Antonio Cebrián “El Mariscal de las Tinieblas: la verdadera historia de Barba Azúl”

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